“Mi profesión es vestir historias”: la trayectoria de Isbella Brasileiro
Antes de coser vestuarios, Isbella cosía presencias.
Todavía niña, fue el cuerpo en movimiento lo que la llevó al escenario: el ballet y la danza contemporánea le presentaron el poder de las imágenes vestidas. El vestuario, allí, no era solo tela. Era gesto, era emoción, era lenguaje. Y, tal vez sin saberlo, ella ya intuía lo que llegaría a ser su profesión, su investigación y su misión: vestir historias para dar cuerpo a las narrativas que importan.
Fotografía de Miriane Figueira.
Natural de Poços de Caldas (MG) y formada en Moda con habilitación en Diseño por la UDESC/SC, Isbella inició su trayectoria profesional creando vestuarios para colegas del teatro y de la performance aún en la facultad. Pero fue en Curitiba, donde se estableció como asistente de vestuario para películas publicitarias, que su repertorio técnico comenzó a consolidarse.
El punto de inflexión llegó en 2014, con el largometraje "Para Minha Amada Morta" (Para mi amada muerta), de Aly Muritiba. La experiencia en el cine encendió algo definitivo: la certeza de que el vestuario era su camino. A partir de ahí, Isbella pasó a construir una carrera sólida en el audiovisual, como vestuarista y utilera de proyectos premiados y reconocidos nacionalmente.
Entre sus trabajos más destacados están:
🎬 A Mesma Parte de um Homem, de Ana Johann
🎬 Caso Evandro (serie documental de Globo)
🎬 Jesus Kid, Mirador y otros largometrajes, obras de teatro y fashion films
Ya sea en una película de época, en una escena documental o en un escenario minimalista, Isbella transforma el vestuario en dramaturgia. Para ella, vestir un cuerpo es construir contexto, identidad, tiempo y presencia.
Pero el recorrido de Isbella no se limitó a los sets. A lo largo de su carrera, percibió un vacío, o mejor dicho, una concentración. La mayor parte de la formación técnica en vestuario se mantenía restringida a los grandes centros, inaccesible para buena parte de los talentos del interior.
Con experiencia docente en el Centro Europeu, en la Hollywood Film Academy y en talleres independientes, Isbella entendió que su misión era más amplia: llevar el saber del vestuario adonde casi nunca llega, como arte, como oficio y como lenguaje.
Así nació el proyecto Vestindo Histórias (Vistiendo Historias), una caravana formativa que recorre Paraná con talleres presenciales, distribuyendo kits de vestuarista, activando talentos locales y proponiendo encuentros vivos con la creación de vestuarios de autor.
“Vestir es contar. Vestir es recordar. Vestir es resistir”, dice el manifiesto del proyecto. Y es exactamente eso lo que hace Isbella: crea vestuarios que dan cuerpo a la memoria, a la política y a la subjetividad de quien los viste. Más que enseñar a coser, enseña a percibir el mundo con más cuidado y expresión.
Isbella conduce los talleres como quien comparte: está junto, está dentro, está cerca. Su presencia inspira no por imponer caminos, sino por crear espacios en los que cada persona pueda experimentar, equivocarse, crear y expresarse con libertad.
Ella cose al lado, observa en silencio, hace preguntas que despiertan. En lugar de enseñar en el sentido tradicional, propone vivencias que activan la sensibilidad y la autoría de quien participa. Hay método, pero hay sobre todo confianza en el proceso y en la escucha.
Cada encuentro se construye colectivamente — y lo que emerge de eso no es solo aprendizaje, sino una red de intercambios, reconocimiento y afecto. Es así como el hacer con las manos se vuelve pertenencia. Y es así como Isbella viste historias, junto con quien también se descubre autor.
Cada ciudad por donde pasa el taller es tratada como escenario, pero también como personaje. La cultura local entra en el vestuario, las historias de las personas entran en la creación, y el resultado final es siempre más que técnico: es emocional, político, simbólico.
El proyecto se conecta profundamente con la noción de territorio: descentralizar, circular, activar redes, crear puentes. Para Isbella, Paraná es mapa, pero también material. Y las personas son materia prima de la creación colectiva.
Preguntada sobre el futuro del proyecto, Isbella suele decir que quiere seguir cosiendo futuros posibles: ampliar el número de ciudades atendidas, profundizar la formación continua de los participantes, crear una red de vestuaristas emergentes que intercambian, colaboran y crean con autonomía.
“Mi profesión es vestir historias” no es solo un título. Es una forma de estar en el mundo. Y, al vestir historias de tantas otras personas, Isbella escribe la suya con firmeza, delicadeza y un compromiso radical con el arte como derecho.